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Ella - Cuento de personaje

Estelita se levanta a las nueve, desde las ocho y media que suena el primero de tres despertadores, uno cada quince minutos, el tercero es el que le marca que tiene que levantarse. Se levanta con el pie derecho, literalmente, no es que sea supersticiosa, pero mejor prevenir que curar. Desayuna un café con leche mientras lee el diario, que el padre compra temprano y queda arriba de la mesa con las secciones separadas.

A las diez se va a bañar, siempre tarda mas o menos veinte minutos, sin que ella sea muy consciente de cuanto tarda realmente, sale de la ducha, se seca, usa siempre dos toallas, una para la cabeza y otra para envolverse antes de ir a cambiarse a la pieza. Aunque está sola, cruza rápido el pasillo y cierra la puerta antes de quedarse desnuda frente al espejo.

De un cajón saca un conjunto de ropa interior que compró hace poco, le encanta como le quedan las tetas con ese corpiño, se pone la tanga y se mira, Me encanta, pero en voz baja y con una sonrisa en la boca. Se pone una camisola cortita que deja ver un poco de ombligo, un pantalón de vestir que le marca la cola y unas botas con un poco de taco para levantar un poco más.

Se peina, tiene el pelo lacio, castaño claro, a la altura de los hombros, raya al medio y un flequillito desmechado que ella cree que le queda bien. Se pinta, pero poco, un poco de color en los ojos y en las mejillas, brillo en los labios, rimmel y listo.

Se sube al 238, siempre viaja sentada, a esa hora no hay casi nadie. Al colectivero ya lo conoce, a veces, cuando la ve venir, espera a que llegue así no tiene que esperar al próximo, casi siempre es el mismo, menos los domingos que puede venir cualquier chofer. En 15 minutos se baja en el centro de Morón. Llega siempre diez minutos antes, saluda a todos. Va al vestuario a dejar la cartera, después de retocarse el maquillaje.

Se para en la puerta, les abre a los clientes que llegan y los acompaña a alguna mesa. Siempre sonriendo, les pregunta si quieren una mesa en el sector de fumadores o no. Si vienen con chicos, a veces, si no hay mucha gente, los lleva al sector de los juegos. Ella no tiene hijos, pero quiere tener muchos, pero lo deja para más adelante. Hasta las tres de la tarde, seguirá con las sonrisas sin que nadie la note demasiado.

A veces, antes de irse a lo de la abuela, que es donde espera que se hagan las ocho de la noche y volver al trabajo, se sienta en un banco de la plaza, sola, a esperar que le llegue algún amor.