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En racha

Tenía un trabajo y lo perdí, era una mierda de trabajo pero era fácil, solamente tenía que mantener la galería limpia. Terminaba de pasar el trapo como todos los días, el piso parecía un espejo, las baldosas brillaban. Veo que viene entrando un tipo, seguro volviendo del laburo, trajecito nuevo, maletín y el anteúltimo celular en la oreja, cagándose de la risa. Faltando diez minutos para irme, viene este pelotudo con problemas motrices y se estrella los dientes contra el suelo que recién terminaba de limpiar. Terrible mancha de sangre en el piso, y ya vieron como es, donde hay sangre, hay curiosos mirando y los muy boludos me desparramaban lo rojo por todo el piso. Sumándose a la música que ya me martillaba los huevos, aparece mi jefe y empieza a decir algo así como “Después de limpiar este chiquero…”. Acá puedo decir que me extralimité, podría haberle dicho que se metiera el lampazo en el orto y no intentar hacérselo tragar, pero bueno, no estaba en uno de mis mejores días.

Siguiendo la racha, dos noches después salgo con una mina, que si la ves re mamado decís que zafa y mi idea era esa, zafar la semana con un buen polvo. La invité a salir, comer o tomar algo, cine, ir a bailar en fin, cualquier cosa de esas que uno hace por coger, la forra se decidió por el combo completo y yo tuve que pedir plata, pero bueno, valía la pena.

Me comporté como un duque toda la noche, prácticamente la traté como una princesa, ok, si, una princesa de fuerte apache, pero como una princesa al fin. Me pasé la noche escuchándola, con esa voz de pito espantosa contando anécdotas de sus amigos, ex novios, familia y de su asquerosa vida. Tuve que bancarme una película horrible, ni un tiro, piña o al menos alguno que mirara mal a otro, nada. Disney era mas violento. Pura basura. Eso si, ella salió emocionadísima. Ahora además de hablarme de sus amigos, ex novios, familia y asquerosa vida, me contaba cosas sobre otras películas de mierda que había visto. Terrible error el cine. Nota mental: La próxima vez, la película la elijo yo.

Después del cine fuimos a comer, primera clase o lo mejor que podía pagar. Comimos bien y por lo menos parecía contenta. Eso era bueno, seguía anotando porotos. Del restaurante caminamos hasta el boliche, que eligió ella. Ella siguió hablando y yo no podía hacer otra cosa que exigirle a mi cara una sonrisa dibujada y un constante rebotar asintiendo a todas las pelotudeces que decía. Nuevo tema agregado, sus perros. Todavía no entiendo como no la mandé a la mierda. Calentura Negro, calentura.

Entramos al boliche y adivinen qué. Estaban los amigos, después de escuchar esa voz de pito narrándome las boludas aventuras de sus amigos, ahora tenia que confirmar que si, que eran todos tan boludos como creía. El lugar era una mierda, lo único bueno que tenia eran los parlantes, coronados de mujeres. Terrible. Ellas ahí arriba, zarandeando el culo, olvidadas de los problemas que se arrastran al ras del suelo. Felices. Ignorantes. Pero muy bueno, estaban bárbaras. Bailamos un poco y salieron unos besos, en los reservados se me alocaron las manos. Por fin estaba avanzando. Ella dijo que sería lindo ir a algún lugar más tranquilo. Ya que tenía el polvo asegurado, decidí no gastar en remís y que vayamos caminando, eran un par de cuadras nada más, como quince, pero me aseguraba quedarme con un vuelto para los cigarrillos de la mañana siguiente.

Llegamos al templo del placer, por fin, iba a irme a dormir con la satisfacción de que toda la inversión iba a rendir. La boluda cruza casi corriendo y yo atrás. Por la esquina dobla un nene en el coche de papá, todo borracho. La mina se queda parada en medio de la calle, como deslumbrada por las luces, llegué a agarrarla del brazo en el momento en el que el coche la revoleaba al carajo. Resultado, tres dedos rotos y la mina destrozada.

Sintetizando, terminé la noche en el hospital, bancándome, al pelotudo que lloraba por el auto y porque había atropellado a la minita, a la familia de ella que se lo quería comer crudo. A esta altura solo me faltaba conocer a los ex novios y a sus perros.

Lo único que puedo rescatar de esa noche, es que conocí a la mujer de mi vida, mientras me enyesaba la mano después de hacerme sufrir acomodándome los dedos rotos. Le dije un par de boludeces y ella se sonreía mientras jugaba con el pastón y acomodaba la venda. Le pregunté a que hora salía y me dijo que después de terminar conmigo. Salimos dos horas después y ya no me quedaban fantasías con una enfermera de protagonista.