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Será (Coso 6)



Capitulo 6

- ¿Listo?
- Parece. Pobre pibe.
- Bueno pero tuvo el lujo de un último polvo.
El pelado silbaba “Dust in the wind” y el gordo se sonrió por el chiste, tonto, quizás más por buena onda, que por lo gracioso. Dijo.
- No se, si me pasa a mí, me mato.
- En este caso, no hay otra y encima no decide él.
- Pobre pibe.
- Ya está. Vamos a buscarlo.
- Me da cosa. ¿Viste lo que era esa puta?
- Está bárbara. Lástima por el pibe.
- Bueno, dale, vamos que se nos hace tarde.
- Me da pena, ¿Sabés?
- A mi también, pero que le vamos a hacer.
- ¿Matarlo?
- Y si. Haceme acordar que el pozo lo hace el.
Se paró, se sacudió un poco la tierra que se le pegaba al culo y a las piernas, por donde había rastros de su simiente que, espontáneamente, había salido, decididísima a recorrer el mundo, sin importarle en lo más mínimo la reputación del cuerpo que cargaba esos huevos creadores. Estaba un poco triste, todavía no se dejaba llevar por la evidencia, Angélica estaba enojada, era de esperarse, quizás podría convencerla de que no siempre era así. Aunque seguía negándose a darle la razón a todo el grupo y a lo que había visto, en el fondo seguía queriéndola a pesar de sentir que ya nunca podrían estar juntos, el no se iba a animar a dirigirle la palabra de nuevo y porque ella, después de escucharla putear mientras zarandeaba el culo de esa forma tan de… de dama, de señorita, la mente le juega una mala pasada y de a poco empieza a creer, a cambiar, a aceptar y no deja de querer, ya no con amor, con deseos, con calentura. Se decide. Si señor, al fin. Va a hablarle.
Dos tipos le cierran el paso, uno lo apunta con un arma y el otro lo mira desde atrás, si bien no los vio antes, sabe que los escuchó y que la decisión que logró, ese instante de iluminación, se perderá para siempre, quizás en una tumba sin nombre, donde su nuevo entendimiento, su aceptación de esta nueva realidad, su cuerpo y sobre todo su simiente y sus ganas, al fin se pudran para no ser nada más que un boludo, virgen y muerto.
Camina abriendo el paso, nadie dice nada y menos el, que fue convencido a centrarse en su silencio con una pistola en la jeta, “muy efectivo”, dice para si mismo y mira para atrás para confirmar que no lo dijo en voz alta. Atraviesan el bosque, esta vez, increíblemente, se sabe el camino, para evitar inconvenientes cada tanto confirma que la senda es correcta con una seña a sus futuros asesinos que asienten, contentos por la cooperación recibida.

1 comentarios:

el gordo dijo...

sabia que algun dia iba a terminar matando gente, pero parece que se torno vicio ya